domingo, 6 de noviembre de 2011

Zombi


No son muertos vivientes, sino vivos moribundos (iba a escribir “vivos murientes”, pero no me deja el corrector ortográfico de word, maldición). Entonces lo dicho, Zombi es una novela negra que versa sobre vivos que se están muriendo, como todo el mundo. Aunque eso sí: estos vivos, a diferencia de la mayoría, tienen una fecha de caducidad cruelmente próxima, a causa de algunas terribles enfermedades que padecen. Esa cercanía ineludible del final los convierte ante su propia mirada, también desde la perspectiva que toman del mundo y respecto a sus acciones, en perfectos muertos en vida. Ese es el meollo moral de la novela, asunto en absoluto baladí porque, que yo sepa, toda novela es una fábula de índole moral y no otra cosa (y quien dijere lo contrario, o miente o intenta engañarnos). Por tanto: ¿Qué haría usted, tú, yo, él, aquellos, si supiésemos que vamos a morir en, digamos, seis meses?

La respuesta no es automática. No existe un código de referencias conductuales que establezca relación necesaria, obligatoria, entre el planteamiento (voy a morir dentro de poco) y la reacción al axioma. Cada cual interpretará a su modo y medida de las cosas tan arrasadora evidencia. A un intelectual español vigesémico le preguntaron qué haría si tuviese la certeza de que al día siguiente el mundo iba a acabarse. “Intentaría aprender un idioma”, fue su respuesta. Los personajes de Zombi, por el contrario, no tienen mayor interés en los idiomas ni en ningún otro aprendizaje desvinculado del dolor, que es expresión muy viva (a pesar del estado preagónico en que transitan por la novela), de su propia desesperación. La única salida entre comillas que encuentran es formar una Cofradía de Moribundos y declarar la guerra a todo, a todos e incluso a ellos mismos.

Hay en este último punto, no obstante, una matización que hacer. Zombi no es la crónica de un conflicto de la noche contra el día, la vida contra la muerte, lo socialmente correcto contra lo inaceptable, el mal contra el bien... sino que el autor, por motivos que exceden a las posibilidades de este comentario, decide convertir la historia en un minucioso relato de la guerra civil entre desahuciados de la luz, amos de la noche perpetua. El campo de batalla es casi siempre el mismo, ambientes sombríos, sórdidos, inhumanos, donde late lo más oscuro de nuestra realidad: círculos cerrados de Internet que retransmiten peleas a muerte, deplorables burdeles en los que se practican todo tipo de perversiones, barrios marginales donde la heroína es reina y los toxicómanos como señores feudales, depositarios de toda la miseria personal y moral que campa a sus anchas en aquellos entornos; pornografía con final letal, carreras ilegales cuyo objetivo es asesinar al oponente... Un catálogo bastante amplio de crueldades que Juan Diaz Olmedo tiene la virtud (y el cuidado), de no llevar a la demasía, pues en estas continuas descripciones de ambientes mortales, quizás el exceso habría mermado el poder turbador e incluso la verosimilitud de las mismas.

Hay otro proceso interesante que va a poco a poco desarrollándose en Zombi y que a este lector le ha llamado la atención, quizás más que el catálogo de andanzas bizarras de los personajes. Me refiero al proceso de deshumanización, tanto anímico como físico, de esos mismos personajes. Pareciera que la única alternativa para no sufrir la inmediatez de un final irremediable es despojarse del atributo de lo humano, no ser, diluirse en un magma caótico de emociones y sentimientos siempre tiranizados (desvirtuados, perfectamente anestesiados) por la droga, la medicación ilegal y las respuestas emocionales instintivas y, por supuesto, implacablemente primarias. Brutales. Este proceso de degradación se subraya, muy acertadamente, con la fascinación obsesiva de los zombis por transformar su cuerpo mediante tatuajes que les otorguen aspecto cadavérico. Memorable el capítulo que transcurre en el estudio de tatuajes, con propuestas de escoriaciones, “transhumanización” y todas esas burradas que pueden verse en algunas revistas del género, también en ciertas páginas de Internet dedicadas a afición autodestructiva del “extreme body modification”. Los personajes de Zombi no se tatúan para parecerse a lo que van a ser dentro de poco, impecables muertos, sino para dejar de parecerse a lo que son: seres humanos que temen a la muerte. Los dientes de metal de la protagonista actúan como una inquietante, muy efectiva metáfora al respecto.

De lectura ágil y “dura”, en ocasiones exigente por el estómago que hay que echar a algunas situaciones, Zombi también cuida, para mi gusto, un detalle sin el cual me habría parecido algo incompleto el relato: la particular lucha que emprenden la protagonistas y algunas de sus amigas contra la gente, detestable, que se lucra del dolor ajeno: brujas, videntes, charlatanes de la medicina “alternativa”, “sanadores”... Parece que las visitas a esta gentuza tienen más de desahogo, violencia casi gratuita, que de justicia; pero eso sí, se trata de una justicia muy poética, por mínima que resulte, y ello hace más interesante y, sobre todo, divertido el relato.

Todo proyecto individual de existencia supone una planificación de la propia muerte. Algunos piensan en la posteridad y cuidan de ella como si fuese su tesoro más preciado. Otros, se conforman con ansiar un final en el que todo quede conforme, marcharse de este mundo sin deudas ni deudores, sin reproches, un “quedar a la par” que es el mejor balance que puede hacerse de una vida. Pero, claro: esa planificación puede abordarse con un mínimo de sosiego cuando se tiene tiempo por delante (o se cree que se tiene, porque la guadaña pasa cuando menos lo espera uno). Si, para catástrofe del negocio, se anuncia el vencimiento a fecha fija, y encima la fecha está a la vuelta del calendario... ¿Quién tendría serenidad suficiente para encarar el trance con actitud imperturbable? Yo no sé lo que haría, ni usted, ni tú, ni él ni aquellos. Por eso, juzgar esta algarada de zombis no es sencillo. Mejor dejarlos a solas con su destino y, tal como se sugiere en la novela, que hagan lo que puedan con sus vidas y sus muertes. Cada cual a lo suyo. Y sin rencores.

Isaac Rosa


José Vicente Pascual González - Blogs
06.11.11 - 00:08 - 
Diario Montañés
Pragmático y directo, Isaac Rosa (Sevilla, 1974) no ve «posible» un libro sobre la crisis en la literatura española. Dice el autor de 'El país del miedo' y 'El vano ayer' que la cultura en España «se ha alejado de lo social» para ocupar un lugar «irrelevante» en lo social y político. En pleno estallido del desempleo, con una crisis envenenada, el novelista sevillano trae el próximo martes a la Tribuna Literaria del Casyc su último libro, 'La mano invisible', un texto que se adentra en el deterioro laboral de los trabajadores y en su efecto en la sociedad. «El paro es la verdadera reforma laboral; lo que ha cambiado las condiciones de trabajo son los cinco millones de parados, no una ley», dice Isaac Rosa, que mira al entorno laboral en su nueva novela, una materia paradójicamente invisible en la literatura nacional.
-La actualidad obliga a hablar de contratos basura, condiciones precarias o salarios ínfimos. Pero su novela va más allá, como si el trabajo en sí fuera el mal a condenar...
-Las preguntas que plantea la novela me las hacía antes de que estallara la crisis, cuando comenzaba el deteriorando del mundo laboral. Era todavía un momento en el que los trabajadores parecía que teníamos un poder adquisitivo y unas condiciones sociales que compensaban todo el deterioro que conlleva el trabajo, entendido este desde un punto de vista capitalista. Ahora, esa compensación está desapareciendo y esas preguntas tienen mucho más sentido; son más pertinentes.
-¿En qué sentido se está deteriorando el trabajo?
-El trabajo nos da una identidad, y el trabajo precario se está traduciendo en vidas precarias: hay una degradación en las condiciones de vida en todos los sentidos ya que, en la actualidad, por las horas que se dedican y por el desgaste mental y físico que provoca nos condiciona toda la vida. El trabajo precario ha producido una vida precaria.
-Menudo tema para su nueva novela en un momento en que España supera récords de parados... ¿Cree que ahora se trabaja a cualquier precio? ¿En qué sentido afecta a la sociedad?
-Ahora se trabaja a cualquier precio, un precio muy bajo en todos los sentidos. Nos fijamos en los cinco millones de parados, pero no nos fijamos en los que están trabajando más horas que nunca a cambio de menos salario y en peores condiciones. Incluso entre los propios trabajadores la tensión es mayor por miedo a ser el próximo en salir. Eso crea una precariedad y una inseguridad cuyas consecuencias paga toda la sociedad: se manifiesta en los hogares, en las familias... La propia democracia se ve dañada por una situación así.
-¿Cree que el 20-N cambiará algo?
-El pronóstico que muchos compartimos es que puede cambiarlo, pero a peor. Y no sólo por el resultado, que da como vencedor a un partido que lleva un programa repleto de ambigüedades, sino porque a nivel nacional e internacional lo que va a continuar son las políticas de ajuste, los recortes y las reformas que terminarán pagando los trabajadores.
-Charles Bukowski fue cartero, Ivan Klima, basurero... ¿Conoce narradores españoles que procedan de sectores como los que refleja en su libro?
-Ser novelista es un trabajo, no sólo una categoría artística. Trabajo como escritor de periódico y ocupaciones relacionadas con mi tarea como novelista. Vivo de mi trabajo. Conozco a muchos escritores trabajadores, funcionarios, profesores, administrativos, comerciales... La mayor parte de ellos procede de una clase social media alta, que han tenido oportunidades educativas y sociales. No conozco a ninguno que se dedique a los empleos de los que hablo en el libro.
-¿Y por qué las profesiones que retrata en su libro tienen tan poca presencia en la narrativa actual?
-En España no hay novelas en las que el protagonista sea lo laboral, hay muy pocas, ni novelas en las que sean trabajadores los protagonistas, como en 'La mano invisible'; no hay prácticamente ninguna. Si nos ponemos a recordar las profesiones de los personajes que hemos leído no recordamos sus trabajos. Es algo secundario. Creo que tiene que ver con un alejamiento de lo social por parte de la cultura. Es algo muy español. En Francia y no digamos países como Argentina o México, lo social está mucho más presente en la cultura. En Latinoamérica hay conflictos muy duros y aparecen en el cine y la literatura, pero aquí no, y entre los que no aparecen está el laboral.
-¿A qué cree que se debe ese silencio?
-Este silencio tiene que ver con el lugar que ocupa la cultura en España desde la Transición. Una vez superado el franquismo, con la llegada de la democracia uno de los precios que se pagó fue el de desactivar esa cultura resistente en escritores y cineastas. Eso dejó a la cultura en un lugar de prestigio entre la sociedad pero sin relevancia política ni social; es decir, en un lugar irrelevante. Echo de menos esa voz de la cultura, más allá de firmar manifiestos o acudir a concentraciones, echo en falta que la literatura o el cine sacudan a la sociedad.
-Escribe una columna titulada 'Trabajar cansa', con los tiempos que corren está algo mal visto decir esto...
-Es el nombre de un poema de Cesare Pavese, y lo usé a modo de homenaje. Es una proclama subversiva, un canto a la pereza a no trabajar ocho horas diarias. Pero ahora tiene una doble lectura. De repente, como ha sucedido con 'La mano invisible', la crisis la ha vuelto más actual, ahora se ha convertido en algo más político y subversivo. Decir que tenemos que dar las gracias y aguantar lo que te echen es una trampa. La verdadera reforma laboral es el paro: lo que ha cambiado las condiciones laborales de todos son los cinco millones de parados. Hemos aceptado trabajar de cualquier manera y a cualquier precio sin necesidad de redactar una ley, aprobarla en el Congreso y publicarla en el BOE. El paro ha sido la verdadera reforma laboral por encima de cualquier convenio o texto legal.
-La Guerra Civil abrió su carrera literaria con su premiado 'La malamemoria', que luego reeditó como 'Otra maldita novela sobre la guerra civil'. ¿Cree que la crisis actual necesitará dentro de unos años de un libro tipo '¡Otra maldita novela sobre la crisis!'?
-No vemos muchos libros sobre la crisis. Si bien el formato ensayo o el planfleto se ha revitalizado, no estoy viendo títulos que interpreten la actual situación desde la ficción sobre la crisis, en España no existe esa literatura que cuente ese malestar e incertidumbre que vivimos. No veo posible ese libro; nadie escribe sobre la crisis porque la cultura ocupa ese lugar irrelevante en la sociedad. La literatura española sigue siendo realista en lo formal, pero es un realismo engañoso porque da la espalda a aquellas realidades más conflictivas.
-Otro de sus libros, 'El país del miedo', retrata a un personaje que vive dominado por el miedo a todo lo que le rodea, y muchos de sus temores son fruto de su imaginación, ¿cree que hay algo de su novela en la realidad actual?
-Es una novela que el tiempo ha actualizado. Cuando la escribí nació del miedo al terrorismo surgido tras el 11-S. Ahora seguimos con miedo pero no al terrorismo global, sino a otros temores más indefinidos como la tecnología, la sanidad... Ahora se impone el miedo económico. Es un temor que funciona y que nos está condicionando a diario. El miedo a quedarte sin trabajo, sin casa, sin ahorros y la amenaza de recortes sociales está cambiando la sociedad. Y es un miedo con el que vivimos todos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La resignación



Qué mal momento para unas elecciones generales. Qué buen momento para ellos. Pelmazos.

Han exprimido la última gota de su brebaje, el elexir del poder; y sólo cuando el pulso de la ciudadanía ha pasado de la ansiedad a la indiferencia, la resignación de siempre, comienzan su desfile triunfante de históricas, vetustas y más que vetustas: aburridas cabalgatas navideñas en el mes de agosto.

Ya se han insultado todo lo que debían, se han acusado unos a otros de corrupción, incompetencia culpable, desinterés... ya están la cesta podrida y los ánimos hastiados. Ya estamos hasta la coronilla de ellos.

Y es ahora cuando ponen el volumen a tope e inauguran su insufrible verbena.

Como el pesado, en plena crisis dipsómana, que a las seis de la mañana asegura que "esto no ha hecho más que empezar", y se empeña en ir a tomar "la penúltima" cuando el resto de la cofradía se cae de sueño.

Noé, de resaca en el monte Sinaí, va a impartir una conferencia sobre prevención de inundaciones.

Qué inoportunos son. Qué cargantes. Qué repetidos.

Como si hubiésemos nacido ayer. Qué listos.

Aracné



Me gustan las memorias escritas por poetas. Regalan una prosa exquisita, elegantemente pulida y esmerada en la exactitud. La prosa de los poetas (no me refiero a la “prosa poética”, esa es otra asignatura bastante más espesa), posee por lo general la sutileza del poema y la artesana delicadeza de la literatura que se construye con obsesión por la pulcritud; todo lo cual es muy de agradecer en estos tiempos en los que cualquier escribano, curtido en la bulliciosa rudeza de Internet, despacha novelas como quien revienta petardos en las fiestas de su pueblo.

También me gustan las memorias escritas por poetas porque suelen acudir (oficio obliga), a una encantadora, a menudo candorosa “lirización” (con mis disculpas por el palabro), de su propia experiencia personal. Si tuviésemos que creer literalmente lo que cuentan esta clase de memorias (y sobre todo: cómo lo cuentan), las vidas de los poetas serían, a nuestros ojos, una especie de arrebato continuo en la contemplación extática de lo bello, sus formas y sus huidizos rastros. Un delirio de visiones arrebatadoras. Un festín de sensualidad y un exceso emocional, todo ello contenidamente expresado, lo que nos revertiría la imagen del poeta como ser “tocado” de una gracia insólita, semidivina y misteriosa. Las vidas de los poetas contadas por ellos mismos, ay, son las mentiras más bellamente urdidas y más deliciosamente narradas que pueden encontrarse en la literatura contemporánea.

Este libro, Aracne, de José Antonio Moreno Jurado posee ciertamente el don de la elegancia y, sin embargo, está concebido desde el rechazo a la lindeza de cualquier impostura. Es el testimonio sincero, conciso, a veces crudamente expresado, de una vida que el autor ha dedicado con sobrada generosidad a la poesía y el arte literario, sin esperar nada a cambio. Todo en Aracne es un reconocimiento incondicional del amor a la literatura, expuesto desde la soberana, humilde y al mismo tiempo digna posición de quien todo lo ha hecho “por amor al arte”, y esa ha sido, ni más ni menos, su maravillosa recompensa.

Rara avis en el gremio, Moreno Jurado no ha frecuentado los cenáculos donde se reparte de gratis y con descarada arbitrariedad el oropel literario. No medró en la universidad porque es uno de esos docentes, estudiosos e investigadores honestos que tienen mucho que decir y mucho que enseñar, pero muy poco que ofrecer y menos aún con qué compensar la melosa avidez de estos ámbitos de la “cultura” (aquí las comillas van puestas muy a propósito). No es un poeta y un investigador de mercadeo, sino de los que encuentran y ponen su saber y hallazgos a disposición de quien quiera gozarlos. Ese pecado, el de la generosidad, ha mermado sin duda sus posibilidades de hacerse un nombre importante (mejor dicho, resonante), en el pequeño y exigente universo de la poesía oficial. Mas, en compensación, le ha posibilitado ser un poeta en pleno uso de la libertad, oxímoron que por desgracia viene a cuento. Y desde esa libertad, la radical independencia de quien no debe nada a nadie y, a la recíproca, parece con pocas posibilidades de dar a cambio más que su experiencia y su saber, está escrita Aracné, un libro delicioso cuyo argumento es tan simple como asombroso: la vida de un poeta. Nada menos.

A José Antonio Moreno Jurado, vecino de Sevilla de toda la vida (salvo forzadas ausencias por motivos de su profesión), no le gusta la Semana Santa. Aborrece la iconolatría de las masas que desborda cada primavera las calles de su ciudad. Le perturban la hipocresía tumultuaria del popular-catolicismo, la injerencia de la iglesia y el pensamiento mágico-religioso en la vida cotidiana y en la sociedad civil, los mitos sobre el más allá que confortan a sus congéneres ante la evidencia de la muerte como tránsito inevitable; no es asiduo de círculos literarios, como ya se dijo; no se deja mimar por las instituciones, no hace la rosca a los editores, no compra sus propios libros masivamente para asegurar sucesivas ediciones y, acaso, algún que otro premio literario, de esos que se otorgan por el más noble de los sentimientos, que es la amistad. (Impagable resulta la anécdota de Munárriz/Hiperión y el poeta que compraba sus ediciones conforme salían imprenta, para repartirlas por bibliotecas, diputaciones provinciales, institutos, etc). En fin, ya se dijo antes: Moreno Jurado es un individuo singular, raro, en este mundo tan previsible del “hoy por ti mañana por mí” donde se refocila la poesía española contemporánea. Y con estas credenciales, ya me dirán ustedes qué puede esperarse de un poeta que ha pasado la vida dando clases de literatura, estudiando y divulgando la obra de Odiseas Elitis, amando a quien a veces lo merecía y a veces no y, sobre todo, siendo un escritor comprometido con la única virtud que exige absoluta entrega: la propia obra.

Puede esperarse algo como Aracné, un libro colmado de espontaneidad, franqueza y lucidez. Uno de esos libros de memorias (pocos, muy pocos), que llaman a cada cosa por su nombre y, encima, aciertan.

Si usted gusta de conocer la verdad (no la leyenda, olvídese del mito), sobre la trastienda literaria, y además le apetece acercarse al periplo personal de una persona razonable y sincera que escribe con la maestría de un consumado (y consagrado) autor, no se pierda estas memorias. Al final le quedará un pellizco en el alma, pero tendrá la impresión, como yo la tuve, de que algo hemos aprendido sobre conceptos hoy en desuso: la honestidad, la coherencia y el desinterés por la única causa que nos hace en verdad ser dignos y libres. Eso es literatura.

El Golem, de Jorge Luis Borges

 En el siglo XVI, en el gueto de Praga, vivía el Rabino Löw, mago y maestro en el arte de la nigromancia. Para evitar la expulsión de los judíos, ordenada por el Emperador Rodolfo II, modeló la figura de arcilla del Golem e invocó al espíritu de Astaharot para que le otorgará la vida. Sin embargo, cuando los judíos consiguen quedarse en la ciudad, y el Golem salva la vida del Emperador, el rabino trata de invalidar su conjuro y quitarle la vida porque ya ha realizado su cometido. Pero cuando un sirviente, cegado de amor, se la devuelve, la figura de arcilla escapa de la influencia humana y se convierte en una amenaza. 

Comida y literatura mezcladas en cena inspirada en "Como agua para chocolate"


José Vicente Pascual González - Blos
México, 4 nov (EFE).- "Tamal de maíz de noche y estrellas comestibles con salsa de chile en árbol" o "Pozol de todos los tiempos con maíz reventado teñido con oro" son algunos de los platos que la chef Martha Ortiz ha creado inspirada en la literatura de Laura Esquivel y que podrán disfrutarse en un "encuentro mágico".
Según dijo a Efe la chef, este
"será un encuentro mágico en el que demostraremos que la cocina es más que la suma de ingredientes, pues queremos contar una historia de gastronomía femenina y muy mexicana a través de textos y sabores".
Ha creado los platos inspirada en la novela "Como agua para chocolate" de la mexicana Laura Esquivel, una historia datada en la época de la Revolución mexicana (1910-1917) en la que la cocina está muy presente.
La velada tiene un nombre, "El secreto de los labios", que alude a la transmisión de recetas y secretos de cocina de abuelas, a madres e hijas.
"Estoy muy emocionada pues desde pequeña fui una admiradora de los libros de Esquivel y sus personajes femeninos me encantan, pues son mujeres que van cocinando su vida, los sabores de la vida", dijo Ortiz.
El próximo jueves 10, los selectos y escasos invitados que paguen los 3.100 pesos (230 dólares) que cuesta el cubierto podrán disfrutar en el restaurante "Dulce Patria" de Ortiz, ubicado en la Ciudad de México, del menú "La caricia del maíz".
Este menú estará compuesto de 8 platos que tienen como ingrediente principal este cereal tan básico en la cocina mexicana.
"El maíz para México es parte fundamental de nuestra cultura gastronómica, espiritual y social, es una cuestión sagrada", dijo a Efe la escritora Esquivel quien desde el primer momento se mostró entusiasmada con la idea de la chef.
"La leyenda dice que el maíz es un regalo de los dioses dado para nuestro sustento; es una planta que no se reproduce sola sino que necesita la intervención del hombre para que se reproduzca y por ello es como un regalo que tienes que abrir y seguir cultivando", dijo.
La escritora, que ya ha degustado todos los platos, leerá durante la cena textos que ha escrito para la ocasión y que hablan sobre "la cuestión cultural sagrada de la cocina y el papel del mestizaje en ella".
"Al disfrutar de una cena uno está enlazándose con otros tiempos y otras épocas y por ello esta será una noche especial donde se hablara y se degustara una historia", apuntó la escritora quien definió a la cocina como "un gran ritual, una ceremonia, un encuentro de sabores y nostalgias".
"El último reducto que nos han dejado para encontrar el espíritu, para encontrar una vida digna, es la cocina, en donde uno siempre trabaja para el bienestar de otro, se ejerce la generosidad que un mundo materialista y competitivo te roba", opinó.
La escritora hablo del momento actual y dijo que, aunque "va a ser duro" está muy contenta de que le haya tocado vivirlo porque es el momento preciso para "encontrar una nueva manera de vivir en la que compartamos la riqueza y darnos cuenta de lo que es la Tierra".
Traducida a 36 idiomas, "Como agua para chocolate" (publicada en 1989) es la novela más exitosa de Laura Esquivel. Fue llevada al cine en 1992 y el año próximo se estrenará en un musical en Broadway.
"Funciona porque tiene esa conexión con otro mundo que la modernidad nos arrebató. Habla del mundo sensual de la conexión con la Tierra y de un amor universal que hace que funcione y siga vigente", afirmó.
Esquivel se encuentra escribiendo una novela policíaca basada en la época actual, que previsiblemente publicará el próximo año, y en la que el tema de la violencia en México estará muy presente.

viernes, 4 de noviembre de 2011

El ¿poder? de las redes sociales



Unos delincuentes asesinan a una adolescente. La madre de uno de los implicados acude a un programa de telebasura, cobrando un buen dinero por organizar el espectáculo con los deleznables ingredientes de toda esa mugre y esas cantidades abusivas de miseria moral.

Arden las redes sociales. La presión de los internautas consigue que los patrocinadores publicitarios de ese programa se comprometan a no anunciarse más en el mismo. Una de las marcas es Campofrío.

El presentador del engendro, en su twiter, lo explica de la siguiente manera. “Una marca de embutidos ha conseguido una campaña de publicidad gratis”.

Es posible que así sea, que los internautas no tengan capacidad para influir sino para mostrar tendencias a las grandes corporaciones industriales, mediáticas, financieras o políticas, de modo que los amos del sistema ajustan el contenido de sus mensajes a lo que el público quiere escuchar de ellos. Y todos siguen haciendo su negocio y todo continua como estaba, aunque de mejor rollo.

Pero hay un parámetro de interacción entre los mismos internautas que no puede alterarse. Un valor que no puede dirigirse hacia la optimización de recursos, ni siquiera reorientarse hacia la manipulación publicitaria: la decencia humana, la cual no tiene valor de cambio y, sin embargo, posee un inconmensurable valor de uso. Esa mercancía, por su propia naturaleza, nunca podrá estar en el mercado.

Conceptos elementales





Hace unos días, escuchaba en la radio al coordinador provincial de izquierda Unida en Sevilla. Según el criterio de este señor, “la crisis y las cifras del paro demuestran que el actual sistema económico es insostenible y hay que cambiarlo por otro modelo de producción”.

Los “modelos de producción” son una pintoresca novedad en la concepción marxista de la historia y las sociedades. (Presupongo que el coordinador provincial de IU debe de considerarse aproximadamente marxista, y que sus conocimientos sobre la teoría económica dimanante del materialismo histórico son, cuanto menos, elementales). Y me entra como una desazón... 

Hay modos de producción, no “modelos de producción”. El modo de producción queda determinado por la propiedad de los medios de producción: si privada, y sujeta la dicha producción a la libre competencia, capitalismo; si colectiva y centralmente planificada la economía, socialismo. (Mucho esquematizo, pero básicamente se trata de eso. Es de catecismo, de “Elementos fundamentales...”, como los titularía la inolvidable Marta Harnecker, ágil divulgadora de la teoría marxista explicada a mentes inmaduras o pedregosas ). Lo que no admite esquema de ninguna clase es eso de un “modelo de producción” alternativo. A ver, ¿con qué se come?

También presupongo que el coordinador provincial sevillano de IU conoce el fracaso histórico (más bien batacazo, con sus crímenes contra la humanidad incluidos en el desastre), del modo de producción socialista (o “en transición al socialismo”, por ser más precisos). ¿Entonces? ¿De qué va esto?

Me lo repienso siete veces. Me parece que ya caigo. El nuevo “modelo” de producción demandado por IU y la izquierda en general consiste en un capitalismo que funcione a su gusto y conveniencia: lo que hace unas décadas se conocía como “capitalismo de rostro humano”. Funciona de la siguiente manera: unos señores cuya probidad moral está por demostrar (empresarios), invierten su capital y montan sus empresas con intención de obtener beneficios. Son muy dueños. Ahora bien, deben saber que el Estado les va a obligar a dos cosas: que la parte del león de esos beneficios les va a ser detraída en forma de impuestos y que, por otra parte, la legislación social avanzada obligará a que sus empresas funcionen continuamente fiscalizadas por los sindicatos y el mismo Estado, como si fuesen una especie de cooperativas donde los integrantes de las mismas no son dueños de nada ni han expuesto su capital en el negocio, pero tienen derecho a decidirlo todo. O casi todo.

No está mal. Aunque enseguida se presentan algunos inconvenientes:

--Los anteriores postulados sólo funcionan cuando el sistema de producción marcha viento en popa. Hay beneficios y, en consecuencia, impuestos que recaudar, dinero que repartir en atenciones sociales, ventajas salariales, compatibilización del trabajo (alienante, claro), con la vida personal y familiar (que no es alienante, ejem...), etc.

--En cuanto aparece una de las crisis cíclicas propias del capitalismo (ver capítulo VII de “Elementos fundamentales...”, de la ya citada Harnecker), se acaba el paraíso. Los capitalistas, por supuesto, tendrán la culpa de todo, por avariciosos, especuladores y carentes de sensibilidad social. Los políticos, todos ellos, serán unos vendidos al capital porque han dejado de repartir y recortan los derechos sociales y demás ventajas del sistema. Nos indignamos y salimos a la calle para clamar contra los privilegios, por una verdadera democracia (otra vez ejem...), y todo ese rito. También cíclico, como las crisis del sistema.

¿Qué hacemos entonces? Pues lo único que puede hacer la izquierda, en su escasísimo margen de maniobra, es echar la culpa a los otros y quejarse. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que pase la crisis. Una crisis que será solucionada, como es lógico, por quien la ha ocasionado: el capital y sus pérfidos agentes.

¿Y cuándo será eso, lo de que se termine la crisis? Yo qué sé. Me perdí esa parte de la asignatura en el seminario de “Elementos fundamentales...” al que asistí hace algunos años. Bueno, bastantes años. Creo que don Francisco aún vivía y gozaba de buena salud. Desde ese tiempo sé (sabemos, saben), que el capitalismo se hunde y reflota intermitentemente, y que esas mordidas de polvo acarrean el desastre de sectores enteros de la actividad económica (le ha tocado al tinglado financiero en este turno), de numerosas empresas y de cuantiosas economías familiares. Tragedia.

Claro que lo sabían, hombre, por Dios. ¿Cómo no iban a saberlo? La izquierda no puede desconocer esos conceptos tan básicos, tan de prontuario esencial de economía política. Vaya, como ir a la escuela y leer.

Lo sabían y han hecho lo de siempre: gastar mientras había, organizar los turnos de gozo y disfrute en su disneylandia y rebotarse (indignarse) cuando se acabó el montón de azúcar.

¿Y ahora?

Ahora lo de siempre: las reclamaciones al maestro armero. Eso sí: no hay que olvidarse de exigir un “modelo de producción” alternativo. De diseño, vaya. Que se lo encarguen a Tontorrio y Chumino, que también son de Sevilla, como el coordinador de IU, o como la duquesa de Alba, medalla de oro de Andalucía por sus incontables méritos personales, pinturera estantigua en el moderno paraíso socialdemócrata. No te jode.

Una buena iniciativa



Los medios de comunicación se van convirtiendo poco a poco en permanente noticia sobre sí mismos. Primero el mensajero y después el mensaje. Del "¿Qué ha dicho quién?",pasamos vertiginosamente a "¿Quién ha dicho qué?" Ya no vale con afirmar:"Ayer un tren descarriló en Ponferrada y hubo siete heridos". Es necesario precisar esa información: "El País dice que ayer un tren descarriló en Ponferrada, y que hubo siete heridos".Corolario: Ya nos enteraremos de si ha habido muertos y de si el culpable es el ministerio de fomento, leyendo El Mundo.
Bueno, excusatio aparte: no tengo ni idea de quién es esta gente, por dónde respiran ni si son del bando de los heridos, los obituados o los medio lesionados. Pero la suya es una buena iniciativa. Y por eso mismo quiero apoyarla.


Y si a usted le parece bien y está de acuerdo, le animo a seguir clicando, que no es tan difícil.

Ciencia y Ficción



Estamos en el futuro y algo va mal. Eso es la ciencia-ficción. Si imaginamos el corazón de ese mismo futuro y todo va maravillosamente, entonces es más ciencia-ficción todavía. H.G. Wells concibió un futuro donde no sucedía nada, habitado por seres apáticos, incapaces de emocionarse por la desdicha del prójimo. Ni siquiera ser depredados por horrendos habitantes del inframundo conmovía la petrificada espiritualidad de aquellos mansunos habitantes del siglo mil. Si ese es el futuro, mejor el presente hasta morir. Aunque el presente tenga mucha ciencia y muy poca ficción.
Hay a quien le inspira la ciencia sin ficción, incluso defienden que el poder de la ciencia en estado puro, convenientemente divulgada, estimula la imaginación mucho más que cualquier historia de buenos y malos contada en un libro. Sólo hay una pega para esta teoría: la ciencia no puede presentarse nunca como una fábula de orden moral, y toda la belleza que encierra (a menudo sobrecogedora), deviene de la certidumbre. Lo que es bello es necesariamente hermoso, defienden muchos partidarios de la ciencia como única vía razonable, y admisible, de conocimiento. No negaré que una ágil demostración matemática o la resolución de un problema tecno-científico adquieren dimensión estética admirable. Pero... humanos somos: qué aburrida la ciencia sin error; qué previsible y tedioso el científico incapaz de entusiasmarse y emplear su vida, y perderla (en el buen sentido de la palabra), rastreando una verdad imposible.
En los torneos de ajedrez se otorga un premio de “belleza” a la partida que más claramente haya evidenciado esa identidad entre lo útil (ganar) y lo estéticamente irreprochable. Karpov, que es un tipo difícil de tratar, ha ganado muchos premios de belleza por sus partidas. Pero qué rematadamente insoportable habría sido Karpov si nunca hubiese perdido una partida de ajedrez. Y qué compasión, demasiado humana, inspira hoy día Kasparov, convertido en propagandista de certezas inalterables, en el ámbito de la política, cuando podía haber permanecido sabiamente instalado en los sutiles ámbitos de la incertidumbre. Porque él también perdía partidas. Incluso se dice que, en sus tiempos de enorme ajedrecista, era casi tan insufrible como su gran rival ruso, el grande Karpov. Al respecto, puedo dar fe de que en cierta ocasión, participando en el trofeo internacional de Linares, entró todo ceñudo en el comedor del hotel Aníbal, sede del campeonato. Como estaba peleado con todo el mundo, miró a derecha e izquierda, en todas direcciones, en busca de alguien a quien saludar, más que nada por no hacer el trecho de la puerta a su mesa con la triste convicción de que, en efecto, no se llevaba bien con nadie. Al final dio las “buenas tardes, que aproveche” a un absoluto desconocido, humilde aficionado al ajedrez que ese día podía permitirse compartir menú con los grandes del divino deporte. Quedé sobrecogido, les soy sincero. De entre toda aquella gente, jugadores, analistas, periodistas, organizadores... Kasparov sólo podía saludar a una persona: a mí. Fue una bella mentira, raudamente improvisada por el extraordinario campeón. Ese día confirmé mis impresiones de que la vida sin riesgo en los equívocos, sin el aliciente de la ficción, puede resultar intransitable.
 
Y ya me he ido por las ramas. Pero bueno, estaba deseando contar aquella anécdota. No todos los días le saluda a uno Kasparov. Hay a quien no los ha saludado nunca, jamás en la vida, lo digo en serio y aunque parezca mentira.

Jornada Histórica



Histórica fecha la de este jueves 20 de octubre de 2011. Debería serlo, o parecerlo. Llevo toda la vida recibiendo noticias sobre un dictador brutal, sanguinario y estrafalario, que ha oprimido a los libios e intervenido con métodos terroristas en política internacional durante... ni se sabe la de tiempo. Ayer se lo llevaron por delante. Ahá: quien a hierro mata, a plomo muere. Casi toda la vida llevo atribulado, como cualquier español, por la saña criminal de ETA. Pues mira tú las casualidades: ayer mismo comunicó la banda de asesinos su decisión de no volver a las armas.
Todo muy histórico. Permítanme los signos de admiración: ¡Histórico!
Sin embargo, qué poco histórico parece todo esto. Qué previsible, qué aburrido y, en el fondo, qué desalentador.
Los mendas que se cargaron a tiros a Gadafi, por sus trazas y modos, no parecen los más indicados para refundar una sociedad democrática donde imperen la ley y los derechos de las personas. Por más que la prensa insista en pintarlos como partidarios y luchadores por la democracia, salta a la vista que, en unos meses, Libia será lo que nunca ha dejado de ser, un país fanáticamente islámico donde los héroes de Al-Qaeda y demás gallofa integrista (y terrorista), van a tener otra Somalia. Su paraíso.
El asunto de ETA y la extraña paz, bueno... Mejor ponemos aparte la palabra paz, por decencia; y las siglas ETA, por higiene.
Algunos iluminados, como el iracundo Eguiguren (es un ejemplo, hay muchos más), están convencidos e intentarán convencer a la gente de que la paz significa que no te maten cuando vas por la calle. Por lo demás, paz... ¿de qué? Dejar de asesinar para continuar ejerciendo la tiranía abertzale, en una sociedad tutelada por una banda terrorista armada e impune, se parece a la paz lo mismo que el as de oros a un huevo frito. La izquierda, en su tiempo, acuñó una ingeniosa expresión: la paz de los cementerios.
También hay quien opina que esa paz se la pueden meter por donde menos les quepa, sea huevo o naipe. Por el mismito lugar donde la izquierda y la derechona nacionalista se han metido la dignidad y la decencia; el mismo sitio por donde se han pasado a las víctimas del terrorismo.
Qué histórica fue la jornada de ese 20 de octubre. Qué verosímil todo. Qué triste.

Maravillas de la naturaleza



Tres horas, tres documentales de National Geographic en la plataforma digital de la que soy usuario (o sea, la que me saca pasta por meterme programas de TV en casa, ya sé que cualquier persona sensata pagaría justo por lo contrario, pero la vida es como es, y además, hay programas culturales y documentales sobre la naturaleza como los de National Geographic, que es a lo que íbamos...).
Pues eso, a lo que íbamos. Me tomo la tarde descanso y fare niente; y para no hacer nada, qué mejor que la TV. Me embucho por tanto tres documentales en los que he aprendido varias cosas de opinable interés. A saber:
Un leopardo puede cazar un jabalí adulto de piel rugosa (ya saben, como el Pumba deRey león), pero le resulta muy difícil llevar la presa a un lugar donde pueda devorarla a gusto, sin ser acosado por leones y hienas. Al final, el leopardo se ha quedado en ayunas y los leones (más bien las leonas), se han puesto hasta el rabo de jabalí. La vida es dura, y en el Serengeti ni te cuento.
Otra. Si eres buceador y estás filmando tiburones a diez o doce metros de profundidad, en las costas de Madagascar, y los dichos tiburones se ponen tontuelos, es mejor no salir a toda prisa, porque los escualos interpretarán la súbita retirada como una incitación al ataque. Es aconsejable huir, pero despacio y sin perder los nervios. Aquello de “No corráis que es peor”, viene de molde a la comprometida circunstancia. Tomo nota, por si se presentara la ocasión.
La última. El transporte de presos en Alaska, de un penal a otro, es trabajo delicado. Si se escapa un convicto, al ser la mayoría de ellos oriundos de la zona y expertos conocedores de la misma, e inmensamente grande el territorio, resulta tarea ímproba volver a echar el guante al fugitivo. Es como buscar un indio escondido en Alaska. Difícil de cojones.
Tres documentales, tres. No sé lo que habrá costado la producción, filmado y montaje de cada uno de ellos, pero, seguro, con el suelto, los ripios y las propinas daba para alimentar durante quince o veinte días uno de esos campamentos de refugiados en Somalia que salen a diario en los informativos. Para eso está la TV, digo yo, para mostrarnos cómo muere la gente de hambre y para aconsejarnos sobre verdades elementales y muy útiles en esta vida:
-Si eres leopardo, mira bien lo que cazas y dónde te lo vas merendar, que los leones son muy hienas, y las hienas muy buitres.
-Si eres buceador y te persigue un tiburón, haz como que no lo ves. Pasa de él.
-Si cumples condena en Alaska, te llevan de un presidio a otro y decides fugarte, evita el color amarillo, que los visten así para distinguirlos desde el helicóptero (ya es mala leche).
Y lo de Somalia, claro.
Por 19´90 al mes, mi plataforma digital me tiene contento.

El judas de Leonardo



Leo Perutz, judío sefardita nacido en Praga (1882-Bad Ischl, Austria, 1957), es un autor sutil, deliciosamente culto (no "documentado": culto), y dueño de una prosa ágil y lo suficientemente rotunda para encandilar al inquieto lector desde la primera a la última página. Esto último se dice mucho, a modo de reclamo publicitario, sobre todo cuando los medios culturoides comentan tochos tipo best-seller. Pero en este caso se trata de una humilde verdad, y por ser verdadero se dice. Los primeros frescos del otoño, en la madrugada, recobijado al fin en la cama y con manta ligera, que es como mejor se lee, los he pasado en compañía de este señor, praguense que escribía en alemán (como Kafka, mira tú; como tantos otros). Con él y con su Judas de Leonardo. Una novela colmada de sentido del humor y de exquisita lucidez.
El Judas de Leonardo, según Perutz, es el proteico ciudadano, buen burgués, que por rematar un negocio vendería no sólo la sangre de Cristo sino su propia sangre; o lo que es peor: su propia conciencia y sus sentimientos. Y quedaría tan contento y ufano de sí porque en la vida (sospechamos que en la muerte y para toda la eternidad), no hay nada más importante que el dinero y los negocios. Por diecisiete ducados, saldo de una deuda que ha venido a cobrar a Milán desde sus tierras germánicas, y por otro ducado más que pende de una apuesta, el caballero tudesco renuncia al amor de su vida, lo entrega en prenda del negocio y, como es natural, cierra con éxito sus asuntos contables en la Lombardía. Puede que una traición de esta magnitud sea en el fondo más espectacular, de más gravedad que vender al Hijo de Dios. A fin de cuentas, el calvario de Jesucristo era cosa cantada y anunciada, designio divino del que ni Él pudo zafarse. Alguien tenía que ejercer de traidor en aquel drama y le tocó al atribulado Judas. Pero esos tiempos son el pasado. El futuro según Perutz (recuerdo nuevamente que falleció en 1957), se resume en la frase que dedica al comerciante alemán su amada Nicola, años después, cuando lo encuentra por las calles de Milán y reconoce en sus facciones no tanto al hombre que la abandonó como al que sirvió de modelo para el Judas de La última cena:
-¿Cómo voy a seguir enamorada de él? Si hubiese sabido que era Judas, nunca lo habría amado.
El futuro entrevisto por Perutz. Nuestro hoy, según parece.

Eduardo Mendicuti


José Vicente Pascual González - Blogs
LA VOZ DIGITAL - 4/11/2011
Almudena Grandes, Vicente Molina Foix y Fernando Iwasaki analizan la próxima semana la vida y obra del autor sanluqueño 



Aunque tímido, Eduardo Mendicutti se encuentra muy feliz con el seminario del que el escritor sanluqueño es el único protagonista. Se celebra la semana que viene, los días 8, 9 y 10 de noviembre, y tal y como adelantó LA VOZ hace unas semanas, acudirán grandes de las letras actual y un nutrido grupo de profesores de la Universidad de Cádiz. La vicerrectora de Proyección Social, Cultural e Internacional de la Universidad de Cádiz, Marina Gutiérrez, y la delegada provincial de Cultura en Cádiz, Yolanda Peinado, acompañadas por el profesor y coordinador de las jornadas, José Jurado, presentaron ayer el II seminario de Literatura Actual, dedicado a la figura del autor de 'Mae West y yo'.
Su escritura, la defensa de ciertos temas por muchos tabú y su ejemplo vital le han hecho merecedor de este encuentro que en su primera edición estuvo dedicado al roteño Ángel García López, último ganador del Unicaja de Poesía.
Dos sedes, la Facultad de Filosofía y Letras y la Biblioteca Provincial, serán testigos de las semblanzas que amigos como Almudena Grandes, Fernando Iwasaki y Vicente Molina Foix realizarán sobre el escritor gaditano. Glosarán sobre su persona y analizarán los pilares en los que se sustenta su producción literaria, labrada a lo largo de cuatro décadas. Entre ellas, la mirada costumbrista, el empleo del humor, el compromiso con los más débiles, el cuestionamiento de las moralidades atávicas, la normalización de la diferencia, la novelización de la homosexualidad, la exploración de las relaciones familiares, el registro de la oralidad y de usos coloquiales vinculados al sur andaluz o el uso reiterado de la primera persona y la disposición narrativa de monólogos. «Mendicutti merecía el apoyo académico, ya que a veces se le ha minusvalorado por tratar temas como la homosexualidad», resaltó ayer durante la presentación del seminario su coordinador, el profesor José Morales.
Cine en la Biblioteca
Las jornadas comenzarán el martes próximo precisamente con la participación de Morales, quien pronunciará la conferencia 'Mendicutti o el discurso de la razón tolerante'. Después, el escritor peruano afincado en Sevilla Fernando Iwasaki retratará a su amigo Mendicutti a través de 'A mí, Sabino, que me los follo'. La mañana en Filosofía y Letras se cerrará con el discurso de la novelista Almudena Grandes, otra colega del sanluqueño que ha titulado su conferencia como 'Una noche tan buena no la tiene cualquiera'.
El encuentro se trasladará esa misma tarde a la Biblioteca Provincial para tratar otra de las características que han hecho popular al autor gaditano: la adaptación cinematográfica de algunas de sus obras. Así, a primera hora de la tarde se proyectará la película 'El palomo cojo', la versión que Jaime de Armiñán realizó en 1995 de la novela homónima. Después, Mendicutti conversará con José Jurado para analizar su relación con el cine.
El sanluqueño volverá a ser protagonista de una charla el miércoles, y por partida doble. Por la mañana, en Filosofía y Letras. Será después de la conferencia del profesor Manuel Ramos Ortega 'Novela y memoria: el caso de Eduardo Mendicutti' y de la mesa redonda que, bajo el título de 'Experiencias personales, biografía colectiva', protagonizarán el escritor Narciso Climen y los profesores Nieves Vázquez Recio y Joaquín Bustamante Costa. Tras el encuentro de Mendicutti con los alumnos, Miguel Soler Gall y José Jurado tratarán sobre 'Los espejos interiores de Eduardo Mendicutti'.
El Centro Andaluz de las Letras se suma a este seminario (también el Ayuntamiento de Sanlúcar) con la inclusión en el mismo de una de las citas de 'Letras Capitales'. Así, Vicente Molina Foix presentará su último libro de relatos, 'El hombre que perdió su propia cama' (Anagrama) de la mano de Mendicutti.
La última jornada de este II Seminario de Literatura Actual, solo por la mañana y en Filosofía y Letras, contará, entre otras, con las participaciones del propio Molina Foix y del escritor Luis Antonio Villena. Éste, que no puede acudir a la cita por motivos laborales ha mandado el escrito 'Un retrato como sol y sombra' para que sea leído como cierre del encuentro. Antes de eso se presentará el libro 'La poesía de Ángel García López', resultado de la primera edición de este seminario organizado por la Universidad de Cádiz.

José María Merino - El libro de las horas contadas




José Vicente Pascual González - Blogs


ABC-4/11/2011
«El cuentista que hay en mí ha escrito una novela, y el novelista que hay en mí ha escrito un libro de relatos. Se han cruzado ambos papeles»...
-Un gran creador se la juega siempre ante la media distancia. ¿En cuál se encuentra más cómodo el novelista o el cuentista?

-El cuentista tiende a la precisión, a la concentración, a la condensación, mientras que el novelista es más alegre, es menos austero y, bueno, pues se dispersa, recorre territorios mirando el lenguaje; por una parte la concisión y la concetración y por otra la dispersión son los puntos de referencia del cuentista y del novelista.

-¿A quién le quedan las horas contadas?

-Todos tenemos las horas contadas, absolutamente todos. He buscado un título ambiguo porque son las horas contadas, es decir el hombre que está para terminar y que tiene las horas contadas, y al mismo tiempo las horas que él cuenta, las historias que él cuenta. No me gustaría pensar que la Europa del euro tiene las horas contadas, no me gustaría pensar.-O la Grecia culta, sabia, profunda que nos aportó cultura y educación, y parece que también tiene ahora los minutos contados.

-Es algo tremendo, cómo de repente realidades que te parecían absolutamente firmes pues son amenazas evanescentes. Vivimos en un momento de horas contadas. ¡Es terrible!

-«El dragón del hambre» es otro relato en el que anidan políticos corruptos y gobernantes despóticos... Cualquier parecido con la realidad...

-Tal vez la clase política ha conseguido un estatus parecido a lo que eran los señores feudales. Efectivamente, nosotros les votamos, nos representan, pero en cierto modo se alejan bastante del pueblo, de los ciudadanos. Yo creo que hay que reconducir un poco lo que es la representación política, y los políticos tienen que darse cuenta de que se presentan porque ellos quieren. A nadie le obligamos a ser político. Los políticos piden nuestro voto, les votamos y luego viven en una especie de burbuja separados de la realidad. Y eso es un problema. Ahora, en el caso de ese cuento hablo de un personaje que es verdad, el presidente de Corea, un déspota siniestro. Ahora yo digo: eso en una época donde no existían, etc... Bueno, es una broma, naturalmente.

-¿Estamos retornando a un nuevo feudalismo?

-Bueno, es el papel que tenían los señores feudales. Yo creo que en cierto modo los políticos lo están representando. Porque ya han recibido el voto, ya están ahí, y entonces ¿qué? Oiga, señor político, yo quiero verle a usted de vez en cuando por mi barrio, en fin, que se tome usted una caña conmigo, o que no se la tome pero que esté al tanto de los problemas reales de cada día. Usted me cuenta lo catastrófico que está siendo todo, pero usted señor político está ahí para que esto no sea catastrófico. La representación política hay que replantearla en ese sentido: los políticos tienen que estar más en la realidad, más con la gente, más en contacto con la ciudadanía permanentemente. Así debería ser un político.

-¿Hemos perdido la moralidad en este mundo?

-Decía Horacio que los necios son aquellos a quienes los dioses quieren perder. Vivimos en un mundo que tira a la necedad. Estamos viendo cada día, continuamente, un cúmulo de necedades. Toda esta enorme crisis que estamos viviendo, económica, social, etc... pues en el fondo hay un panorama como de que son los necios los que están ordenando el mundo, ¿qué está pasando? Como decía el refrán, Dios te libre de vivir momentos interesantes.

-¿Qué espera de las elecciones del 20-N?

-Tenemos un grave problema en España que es el paro, problema significativo, importante, mas estamos inscritos en un enorme problema que es el europeo, e incluso mundial. O sea, que estamos inscritos en un momento muy azaroso del sistema que vivimos. Sinceramente, no espero demasidado, no espero que en España se puedan hacer, independientemente de lo que está sucediendo en el resto de Europa, demasiadas cosas.

-«El libro de las horas contadas» (Alfaguara) nació de un meteorito.

-Bueno, del cuento de «El meteorito» surgieron los demás. Este cuento lo incluí en una colección, que tengo inédita por supuesto, pero no quería encajar allí; y entonces dándole vueltas me di cuenta de que realmente había en él muchas posibilidades para convertirse en otra cosa. De hecho, fue el que inició toda la serie.

-¿Por qué no encajó «El meteorito»?

-Tal vez porque llevaba germen de muchas otras cosas; tal vez porque tenía tres personajes, verano, urbanización... O sea, que daba para mucho juego. Y yo creo que le pude sacar ese juego que prometía.

-El personaje central de su obra es Pedro, un hombre casi desahuciado que le da por crear.

-Teóricamente es Pedro el que escribe los cuentos, porque hay algunos que sin embargo surgen de otros personajes. Él es un poco el centro; es el hombre que tiene las horas contadas.

-¿La ansiedad, la enfermedad lleva a la pulsión por escribir?

-Yo pienso que es una posibilidad de paliar el dolor y el miedo. O sea, con la escritura materializas el tiempo y puede dar sentido a una situación así. Yo no me he visto en esa situación, pero a lo mejor si me veo escribo un libro o no...

-Y el abismo, ¿puede llevar a la creación?

-¿Por qué no? Eso me sucedió con mi primera obra, «Novela de Andrés Choz», la historia de un hombre condenado a muerte por una enfermedad y que escribe una novela. Me he dado cuenta luego. Este tema ya lo había tratado yo. Tal vez en el fondo, pienso: ¡Bueno, pues no estaría mal poder hacer eso!

-¿Cuál es la característica esencial de un buen relato?

-Ha de tener acción. Si no hay movimiento no puede haber ni novela ni relato. Es decir, en la narrativa el movimiento es fundamental, y con eso cierto modo de acción, cierta forma; desde luego la inmovilidad no puede construir una historia, ni puede construir una prosa poética, ni una estampa, pero lo que llamamos narración novelesca o narración cuentística tiene que tener consigo ese movimiento, esa acción.

-¿Para el lector, la novela es una tabla de salvación?

-Yo creo que la novela ha ayudado a muchas generaciones. Desde luego, la ficción antes de la palabra escrita nos ha enseñado a entender el mundo, y nos ha contado cómo era el mundo, aunque fuese desde una perspectiva fantástica. La novela nos ha enseñado casi todo sino todo lo que sabemos sobre nosotros mismos. La novela es la historia del corazón humano, y en ese sentido puede ser una tabla de salvación; nos ayuda a descubrir cómo somos, cómo nos comportamos, y tal vez a consolarnos con ella.

-¿Qué sería de nosotros, los pobrecitos habladores, sin la literatura?

-Pues nada. La ficción que dio origen a la literatura va con nosotros, es lo nuestro. Una vez escribí un artículo en el que sostenía que el ser humano, en vez de llamarse «homo sapiens», tenía que llamarse «homo narrans». Lo que nos gusta es contar, estamos todo el día contándolo todo. Vivimos en un mundo de narración continua, la Prensa, los medios, internet... En la literatura estamos contando las cosas, es nuestra manera de estar en el mundo.

-Del bloc de anillas al blog anillado en internet.

-Es la narración perpetua.

-La ficción concede, por lo tanto, un sentido a nuestra existencia, a nuestro devenir.

-Yo creo que sí: la ficción nos permite eso tan caótico y extraño que es la realidad. La realidad se produce de una manera natural, espontánea; la realidad no necesita ser verosímil, pero la literatura sí, la literatura tiene que hacer versímil la realidad, incluso fantástica. Tenemos que creérnoslo.

-¿Y dónde quedaría la felicidad? ¿La literatura tiene que ser feliz o debe abrigarse de dolor, el reino de la oscuridad...?

-Yo creo que la Literatura nos tiene que enseñar el mundo. Y nos tiene que enseñar el júbilo y la tristeza del mundo. O sea, una Literatura que solo fuese tenebrosa, de pura diversión pues tal vez no tendría sentido. En la Literatura está todo, cabe todo. Y el papel de la Literatura es entretenernos, mientras la leemos, aunque nos esté contando una tremeda tragedia o una historia muy terrible sobre la Humanidad o sobre una familia, sobre una persona. Es sorprendente. Nos entretenemos y al mismo tiempo nos están contando una historia tremeda.

-Por ejemplo, el Quijote.

-Nos está contando la historia de un soñador que pierde todas las batallas y que es un desastre; nos lo pasamos estupendamente leyendo la historia de ese hombre, pero es un hombre al mismo tiempo que refleja lo que somos: soñadores que queremos luchar por nuestros sueños; en fin, la literatura es algo importante para nosotros.

-Uno de sus relatos de su espléndido volumen glosa a una especie de arácnidos gigantescos que invaden pacíficamente la Tierra y que buscan entrevistarse con un presidente de Gobierno que habla de «talante». Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ¿no?

-A mí me gusta también relativizar las cosas. ¿Somos el centro del universo? Mire usted, el universo es enorme, ancho, y ajeno, pues ahora, con todas estas vicisitudes que estamos viviendo -en el mundo- económicas, sociales, etc... decimos que todo es muy relativo, que nada está hecho así para siempre. La realidad es cambiante y azarosa, y yo creo que la Literatura tiene que transmitir también esa situación quebradiza de la realidad.

-En ese relato se habla también de una supuesta «Alianza de Civilizaciones».

-Ahí hago una broma en esa reunión muy importante, oficial, con los extraterrestres que aparecen.

-Buenas tardes y buena suerte. Cualquier parecido con la vigente realidad...

jueves, 3 de noviembre de 2011

Se acerca el invierno



Verano finiquitado. Hasta en Sevilla, una ciudad que vive siempre al borde del “cuarentón”, se nota la bajada de temperaturas. Dentro de poco cambiaremos de horario y los días se harán cortos y las noches extensas, con esa humildad acogedora y un poco temible del invierno sin excusas.
 Otro verano (¿de menos?). Enseguida la navidad, después la semana santa y, en menos de lo que se imagina, de nuevo el verano. Ahá, pensó el que piensa: lo único que sabemos del tiempo es que se hace más corto conforme cumplimos años.
Canarias, León, Asturias, Galicia y la campiña inglesa han sido mis escenarios de este verano. Y el calorón macho de Sevilla, claro está. La fugitiva de Proust (una deuda conmigo mismo), Las lanzas coloradas de Uslar Pietri (revisitada, al cabo de 35 años), y las memorias de José Antonio Moreno Jurado, han sido mis lecturas centrales de estos dos últimos meses. La última, Aracné, reflexiones biográficas del poeta sevillano, me ocupó los vuelos de ida y vuelta a Londres. No me dejó impresiones muy estimulantes, ni optimistas. Moreno Jurado es un poeta exquisito y una persona con sentido muy pero que muy realista de la vida; y se nota. Su libro, para conocer y saber, resulta espléndido. Para alegrarse la existencia, más bien no. Pero claro, ¿quién puede ser tan simple como para alegrarse de la soberana certeza? Estamos vivos, de acuerdo. ¿Y?
 
Otro verano, seguro, de más. Porque se me olvidaba añadir este detalle: entre Canarias y el noroeste mágico, entre el bullicio globalizado de Londres y la apacibilidad de High Wycombe, he estado muy bien acompañado. Incluso, razonablemente y en la justa medida de las cosas, he sido feliz.
 
Buen verano, ciao.
 
Se acerca el invierno.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

José Vicente Pascual


José Vicente Pascual nació en Madrid, allá por los calores de 1956. Ha residido en Granada la mayor parte de su edad, si bien otras ciudades vinculadas a sus tránsitos son Barcelona, León y Sevilla, donde vive actualmente. Es autor de las siguientes obras literarias:

Relato y narraciones cortas
Mi corazón africano - Ficciones, Granada, 1994 y El defensor de Granada, 2007.
Perpetua costumbre. Ed. Osuna, Granada, 1996.
El vuelo aleve del leve tiempo. Ed. Alhulia, Granada, 2007.

Novela
La montaña de Taishán - Premio Azorín de la Dip. Provincial de Alicante 1989 - Aguaclara, Alicante, 1990.
El capitán de plomo - Premio Café Gijón 1993 - Aguaclara, Alicante, 1994
El cuarto oscuro - Ed. B, Barcelona, 1995
Palermo del cuchillo - Premio Alfonso XIII 1995 - Ed. B, Barcelona, 1996
Juan Latino - Ed. Comares, Granada, 1998 - Ed. Atrio, Granada, 2003 - Ed. La Vela, Granada 2007
El pescador de pájaros - Ed. Comares, Granada, 2000
El país de Abel - Colección Narrativa de IDEAL, Ed. Dauro, Granada, 2002
El arpa de oriente - Ed. Atrio, Granada, 2003
El ingeniero y el rey - Ed. Arial, Granada, 2003
Aníbal y la caverna - Ed. Atrio, Granada, 2006
La diosa de barro - Roca Editorial, Barcelona, 2006
Juan de Flores, la verdad de la impostura - El Defensor de Granada, 2007
Homero y los reinos del mar - Vía Magna Ediciones - Barcelona, 2009
Las vírgenes del desierto - Ed. Traspiés - Granada, 2009
Homero y los reinos del mar (segunda ed. pocket) - Ed. Vía Magna -Barcelona, 2010
Los fantasmas del Retiro - Ed, Paréntesis - Sevilla, 2011

Adaptaciones

Teatro - Juan Latino. Compañía de Tito Junco Martínez, Cuba-Argentina (2000/2004)
Narrativa - El segundo hijo del mercader de sedas para jóvenes lectores - Ed. Comares, Granada, 2000

Periodismo literario
Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas y generalistas. Desde 1997 a 2008 ha sido colaborador del diario IDEAL de Granada, con secciones semanal y quincenal. Desde enero de 2009 ha sido colaborador de La Opinión de Granada, con las secciones Del caño al coro y El reinado de Witiza. En la actualidad mantiene el blog Lejos de Itaca, opinión y reflexión, en la revista digital El Manifiesto.


-Entre junio de 2003 y noviembre de 2005 fue director de la colección municipal de narrativa y poesía Granada Literaria.
-Ha impartido Talleres de Creación Literaria organizados por la Asociación de la Prensa de Granada, la Unidad de Bibliotecas del Ayuntamiento de Granada y el Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía.
-Pertenece al Institutum Pataphysicum Granatensis, con el rango de Sátrapa Transcendente e Inquisidor Epifánico entre otras dignidades.
-Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada- Discurso de entrada, 7/5/2007, El realismo de lo singular. Individuo versus ideología en la narrativa de occidente.